Somnus (Sueño)

Somnus

 

            Caminaba despacio por la fría y oscura calle.  Era tarde y mi destino estaba algo lejos pero prefiero caminar. Necesito ese tiempo para ordenar mi mente y encontrar las preguntas exactas para solucionar este malentendido. Él, mi mejor amigo, atestiguo en mi contra en este maldito caso en el que alguien me inculpó. No recuerdo bien lo sucedió, pasó tan rápido que sólo tuve tiempo para pagar la fianza y quedar en libertad condicional. ¿Por qué él, mi amigo, mi hermano del alma, dijo ante el ministerio público que varias veces me había visto drogarme y que otras tantas me llevó al hospital por sobredosis? Si yo en mi vida siquiera he visto algún estupefaciente.

 

            Tengo que hablar con él, que me dé sus razones por que me traicionó ¿Acaso fue dinero? ¿Arruinó mi vida por eso? Días antes me pidió prestada una suma muy grande, se la negué porque no quiso decirme para qué necesitaba ese dinero con tanta urgencia. Soy hombre de negocios, para mí el dinero no es problema y de hecho esa cantidad que pidió es mínima comparada con lo que he gastado en lujos que no necesito. A eso iba, el día que me arrestaron, a ofrecerle el dinero que con tanta insistencia me pidió; a eso voy a preguntarle si aún lo necesita y a ofrecerle más para que levante los cargos.

 

            Doblé la esquina y me lo encontré, estaba ahí, de vuelta a la pared, recargado en ella con una mano y en la otra tenia algo parecido a un cigarrillo. Absorto en sus pensamientos, ni siquiera sintió cuando me le acerqué. Parecía drogado. La penumbra apenas me permitió observar que sus ojos estaban inyectados de sangre.

 

            —Genaro ¿Porqué lo hiciste? ¿Por qué me traicionaste? ¡Aruinaste mi vida! Me culpaste de algo que no hice. Sabes bien que quien se droga y vende eso eres tú y yo nunca te denuncie ¿Por qué dijiste lo contrario?—pregunté sin saludar.

 

            —Yo no arruiné tu vida ¡Fuiste tú quien arruinó la mía! Necesitaba pagarle al narco y tú con tus malditas preguntas ¿Qué te costaba darme la plata? Pero a no tú luego luego desconfiaste ¡Me purga que desconfíen de mí! Por eso fui y metí eso en tu casa y en tu ropa, llamé a la policía y ¡mentí! dije que esa coca era tuya y después tú sales como si nada de la cárcel ¡te odio! Tú con tu maldita vida resuelta mientras que yo vivo cuidándome la espalda y engañando a mi mujer—Me empuja a cada frase. Siento su odio, su agresión contra mí. Me lastima tanto que caigo de espalda a unos botes de basura, intento sostenerme en el piso con una mano, pero justo ahí hay un clavo que se me entierra y me la deja inmóvil. Como puedo me levanto y corro con él tras de mí a su casa para avisar a Laura, su esposa, y que llame a la policía. Él está cegado de ira, drogado y armado, es muy peligroso regresarle los golpes para defenderme. Llego a la puerta y toco, me abre Laura asustada. Frente a ella Genaro llega por detrás de mí, me voltea y me da un puñetazo en la cara. Lo siento como yunque. El dolor me marea. Me rompió la nariz y estoy sangrando. Laura se aparta y corre hacia el teléfono. Genaro de nuevo me lastima. Ahora caigo boca arriba encima del tapete de Bienvenida. En el piso siento las furiosas patadas de mi mejor amigo. Me rompe tres costillas.

 

            — ¡Ya basta Genaro ya pagué tu condena, suéltame, déjame ir, me culpaste y te perdono pero ya termina!— le digo casi en un susurro porque el dolor no me deja gritar.

 

            —¿Me perdonas? ¡Tú a mí! Eres un idiota, debería ser yo quien te perdonase por existir pero no lo hago ¡Muérete!

 

            Lo veo sacar de su cintura el arma y apuntar contra mí. Dispara. La bala entra en mi pierna derecha y dejo de sentirla. Dispara. Entra en mi estómago. El dolor se aúna con el de las costillas rotas. Dispara. Entra muy cerca de mi brazo izquierdo. Me cuesta respirar. Miro a un lado y veo el tapete bañado de sangre. Sé que estoy muriendo. Aturdido escucho los gritos de Laura pidiendo piedad. Dispara. Ahora entró en mi garganta. Dejo de respirar. Mi corazón se agita. Cierro los ojos. Mi amigo ríe y da un último disparo. Entró en mi cabeza. Estoy muerto.

 

            Vagamente escucho que tocan a la puerta, el sonido se hace cada vez más fuerte. Abro los ojos. Reconozco el lugar en donde estoy. Es mi habitación en mi departamento. La que sucedió hace unos instantes era sólo un sueño ¡pero fue tan real! Me sentí morir. Comprendo que seguramente fue una broma de mi inconsciente a causa de la presión y el estrés por el problema legal en el que estoy metido. Encontraron droga aquí en mi casa y me culparon de venderla. Gracias a que no tenía más cargos en mi contra fijaron la fianza pero el juicio y las averiguaciones siguen. Agitado cruzo el pasillo de la sala para abrir la puerta. Miro el reloj de la pared son las tres de la madrugada. Me pregunto quien será a estas horas ¿Y si es Genaro pidiéndome perdón por haberme traicionado? Sí atestiguó en mi contra ¡Y le falta darme una explicación! Le hablé a su casa antes de irme a dormir pero no contestaron. Abro la puerta.

 

            —¿Miguel Gonzáles? — Me preguntó el oficial que estaba en el marco de la puerta.

 

            —Sí soy yo ¿Qué desea?—Le respondo un tanto asustado.

 

            — Esta arrestado por el homicidio en primer grado de Genaro Hernández— Me decía mientras entraba en mi casa— Vístase nos vamos a la delegación. Aquí lo espero y no intente escapar. Allá abajo hay muchos policías y son más rudos que yo.

 

            —¿Cómo murió?— Dolido le pregunté. Sé que no fui yo quien lo mató pero no hay pruebas de ello, además soy sospechoso porque él atestiguo en mi contra.

 

            —¿Estabas tan drogado que no lo recuerdas?— Me dijo en tono sarcástico—Lo golpeaste en la esquina de su casa, corrió a avisar a su esposa, ahí volviste a golpearlo y lo pateabas hasta cansarte. Empuñaste tu pistola y la vaciaste sobre él. Una bala cayó en su pierna derecha, otra en el estómago, otra muy cerca de su corazón que perforó un pulmón, una más en su garganta y la que lo mató la apuntaste a la tapa de los sesos. Laura vio todo y dice que fuiste TÚ quien lo hizo.

 

            Me vestí y el uniformado me acompaño escaleras abajo a la patrulla. Genaro esta muerto ¡Fui yo quien le quito la vida! El sueño es real pero ¿Por qué sentí yo todo lo que le paso a él?

 

 

Tanya Lara 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Escritos mios. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s